4 jun. 2015

Nosotras que lo quisimos todo

Lola Navarro Fernández
Responsable Plan Igualdad 
IES Arjé

!Me gustaría recomendar el libro que hemos estado trabajando con un grupo de alumn@s, “Nosotras que lo quisimos todo”, cuya autora, Sonsoles Ónega en esta novela reivindicativa, plantea una profunda  reflexión: ¿nos han timado?


Beatriz, directora de Compras en una multinacional de lencería, recibe una irresistible y prometedora oferta profesional. Si no estuviera casada y con dos hijos, habría contestado de inmediato, pero el ascenso implica instalarse en Hong Kong. Beatriz vive agotada, debatiéndose entre trabajar en lo que le gusta y disfrutar de la vida familiar que desea. Dado que su marido, responsable de la cadena de clínicas dentales que heredó de su padre, no estará dispuesto a seguirla a Hong Kong, Beatriz comienza una investigación sobre la conciliación de la vida personal y laboral como medio para ser capaz de tomar una decisión. ¿Por qué elegir A o B? ¡Existe un plan C!
Hemos seguido la historia de Beatriz seleccionando textos, debatiendo sobre los mismos y haciendo hincapié en aspectos fundamentales de la vida de esta empresaria.

Les llamó la atención un email que recibe Beatriz de una trabajadora que se siente “timada”. Cómo empieza a cambiar su vida, y prioridades, desde el momento en que se entera que está embarazada y como al incorporarse de la baja maternal a descendido de puesto y encima con amenaza de despido. Llegamos a la conclusión que en determinadas empresas no se valora igual a la mujer que al hombre e incluso a estas se les penaliza por el simple hecho de ser madres.

Vemos como Beatriz lleva todo el peso de la casa, la educación de sus hijos (se queja de que nunca llaman a su marido cuando se pone enfermos sus hijos)…y encima debe decidir si acepta la oferta de trabajo, ya que su marido no se plantea dejar el suyo.
Los chicos en clase optaban por apoyar al marido, tampoco ellos dejarían el trabajo para seguir a su mujer. En cuanto a las chicas, la opinión se divide: una minoría sí aceptaría el trabajo aunque tuviese que abandonar, temporalmente, al marido y los hijos. La mayoría, para mi sorpresa,  no se lo plantearían, ya que si el marido gana suficiente dinero ni les haría falta trabajar.


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